La banda sonora de la vida, no solo permite que tengamos vivencias inolvidables, sino que también nos permite estar sanos y eliminar los problemas más agobiantes. 

El genio compositor austríaco Mozart nos dejó música maravillosa desde poco tiempo después de su nacimiento en 1756, ya que compuso grandes obras a partir de sus escasos 6 años de edad,  pero sólo hasta doscientos años después de su muerte se pudo dimensionar mejor el efecto que su música tiene sobre el ser humano y que sea bautizado como el efecto Mozart. Albert Einstein, quién era un experto  “mosatiano”  había señalado que “la sonata K448 es una de las más profundas y maduras de todas las composiciones escritas por el músico” y, según se dice, acostumbraba a escucharla en sus momentos más creativos. Su música (al igual que la de  Bach) tiene una periodicidad a largo plazo, en forma de ondas que se repiten regularmente pero espaciadas entre sí, que tienen el efecto armonizar la actividad cerebral que, de cierta forma “copia” la armonía de la obra musical al ser escuchada.

Diversos autores han constatado entonces que el efecto Mozart beneficia a quien escucha la música en cuanto a la capacidad creativa y a la actividad armónica a sus ondas cerebrales, logrando acentuar el estrés y aumentando el desestrés. Es importante añadir que la sinfonía número 36K.425 de Mozart, conocida como Lynch, y las cuatro estaciones del año Vivaldi se emplean en éxito para atenuar el estrés y la ansiedad, mientras que la música de Bach es general y los Nocturnos de Chopín, escuchados antes de dormir son propicios para evitar el insomnio.

Tomado del libro Desestresate del Dr. Santiago Rojas.