Carta abierta de una madre: sobre el milagro de ser mamá

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Hoy  quiero considerar que el papel de ser madres, va mucho más allá de un término,  porque hay madres biológicas, madres sustitutas, madres adoptivas, madres solteras, madres de crianza, madres cabeza de familia, pero todas, por una u otra razón, le pusieron el pecho al papel de ser “madre”.

Madre es aquella persona que sin esperar nada a cambio y sin haberse graduado en maternidad, se vuelve profesional en sicóloga, electricista, plomera, bombera, enfermera o policía, busca el bienestar del hijo a toda costa, de su felicidad y su autonomía.

Las madres, movidas por un amor desinteresado, implementan y emprenden una serie de estrategias sacrificando su tiempo, su crecimiento personal, su trabajo, su descanso e incluso su salud, para llevar a sus hijos mucho más allá de lo que ella pudo llegar.

Pero además de ser una persona con sueños, ilusiones, planes y proyectos, ser madre también es un modo de vida, porque la maternidad no es una chaqueta que se pone al llegar a casa y se quita cuando sale de ella;  la maternidad es un rol permanente que no se puede dejar, es más, me atrevería a decir que la maternidad es como una “potranca briosa” de la que, una vez arriba nadie se puede bajar.

“Madre no hay sino una”.

El término “madre no hay sino una”, pone sobre la mesa una verdad genética. Todos nacemos solo de un padre y una madre, pero esta frase dicha como es frecuente desde el cerebro emotivo, viste la maternidad de un halo casi sobrenatural que durará hasta entrar a la adolescencia, cuando creeremos que esa madre que todo lo sabía, a la que habíamos puesto literalmente en un pedestal, súbitamente, sus conocimientos son limitados.

Y aparece la demoledora frase: “mami es que tú no sabes”. Que aunque se diga con la voz más dulce posible y en el mejor de los momentos, pone a la madre literalmente a ras de piso.

Afortunadamente, y en honor a la justicia con el paso del tiempo y la poca o mucha madurez que logremos alcanzar, es gracias a esa madre “que no sabe nada de nada”  que, cuando tenemos un hijo logramos reacomodarla hasta ponerla en un pedestal muy superior al inicial y que pretendemos fallidamente alcanzar.

Desde la perspectiva de los hijos  

Una madre enseña de la forma más pedagógica existente, enseña con su ejemplo. Y se esforzará por transmitir a su hijo toda suerte de valores y principios hasta esculpirnos en él. De tal forma que aunque ese hijo quiera prescindir de ellos, a lo sumo podrá ocultarlo y algunas veces dejará de mirarlos, pero tendrá que hacer un gran esfuerzo para olvidarlos. Entonces… ¿Qué será de los que se quedan tempranamente sin madre?  Serán personas que tendrán que aprender a lidiar con esa carencia, aunque en el mejor de los casos, encontrarán una persona buena que se comprometa a ayudar, obviamente sin poder ser un reemplazo de la madre.

Hoy llama la atención que cada vez, son más las mujeres que se niegan voluntariamente a vivir una maternidad biológica, ya sea por anticoncepción prolongada o patologías particulares, ya sea por miedo a la incertidumbre que la propia vida trae consigo.

La vida no está hecha de certezas… por el contrario, es un ente dinámico del que poco sabemos y que la convierte en el mayor reto de cada día. Pero sea cual sea la razón, se están negando a la mayor aventura que pueden vivir. Una aventura llena de sorpresas gratificantes, que ensanchan el corazón y llenan de color la vida, que sin la maternidad parece escrita en “blanco y negro”.

Esa vida, cobra sentido en la medida en que nos entregamos al servicio de los demás, a dar, a donarnos en favor de otros.

La conmemoración del día de la madre 

Celebrar el día de la madre, tendrá por supuesto tantas maneras y formas como hijos en el planeta. Ese día habrá quien madrugue de mala gana a preparar torpemente un desayuno, pero también estará quien prefiera dormir hasta tarde y hacerle llegar una comida comprada en el mejor restaurante, habrá quien ahorre de su mesada todo el año para comprarle un regalo que la madre ni siquiera puede usar, pero también habrá quien le regale justo lo que necesitaba.

Lo importante acá es que todos los días deberían ser días de la madre, que hemos de agradecer su dedicación, su cariño y sus esfuerzos, porque cuando ya no estén, se nos revelarán todas sus fortalezas y como por arte de magia habrán desaparecido todas sus debilidades, y ya no estarán para decirles ¡gracias!

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