Está en nuestro ser para impulsarnos a tomar decisiones desde el amor. Cuidar de nuestro niño interior, mantiene el equilibrio en diferentes aspectos de la vida, pero fundamentalmente, mejora nuestra autoestima y nos permite ponernos frente a frente con las heridas emocionales de cada etapa de nuestra vida.

Nadie puede ser un adulto feliz y completo sin rescatar su niño interior. Para rescatarlo, hay que sanarlo, volverlo eje de nuestras emociones permitiendo que nuestra parte más intuitiva, noble y sabia se conecte con nuestra energía superior. Es decir, para rescatar el niño interior, de alguna forma hay que volver a sentirse niños, disfrutando de hábitos que con los años se fueron perdiendo, mejorando nuestra habilidad para relacionarnos con nosotros y nuestro entorno y lo más importante, enfrentar los miedos y recuperarse de las caídas.

Estas son algunas recomendaciones para comunicarnos con nuestro niño interior:

Visualización: Tomar unos minutos del día para hacer este ejercicio nos permite conectarnos rápidamente con nuestro niño interior. En posición de meditación, hemos de visualizar nuestra infancia. Imaginar que estamos sentados, en nuestra habitación, con todo lo que allí había. Mientras nos recordamos en este lugar, estando solos, nos imaginamos en el mismo lugar con nuestra edad actual y abrazamos a ese niño indefenso y lo miramos a los ojos para hacer presencia en ese encuentro sagrado con nuestro propio ser.

  • Reconocimiento: Durante el encuentro, se da la oportunidad de vernos a nosotros mismos para reconocer los miedos y heridas que tenemos. Aceptar lo que hemos guardado durante años, justo en ese momento, nos aproximamos a la siguiente etapa para rescatar al niño interior.
  • Sanación: Tras haber aceptado las heridas emocionales de cada etapa de nuestra vida y reconocer aquello que nos ha causado daño, es momento de sanar. Tener a posibilidad de enfrentarnos a lo que nos causó daño nos reivindica con nuestra historia personal y nos lleva a tomar acciones. Desde este momento, dejamos de evadir el dolor o de ocultarlo y asumimos la responsabilidad de rescatar el niño interior.
  • Permanencia: Después de empezar a trabajar las heridas emocionales, permanecemos diariamente con nuestro niño interior, siendo conscientes cada día del valor de éste en nuestra vida y reconociendo la importancia de convivir con él para vibrar en armonía y equilibrio emocional.