Siu Esencias Florales

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Hay un momento en la vida, usualmente en la infancia y se extiende hasta la adultez, en que escuchamos por primera vez frases que se clavan en la piel: “No llores.” también “¿Ya te enojaste?” o “No deberías tener miedo”. 

Sin darnos cuenta, estas palabras se convierten en una guía silenciosa que nos enseña a esconder lo que sentimos. Crecemos creyendo que ser fuertes es aparentar que nada nos afecta, cuando en realidad, la verdadera fortaleza está en permitirnos sentir. 

Y así, año tras año, vamos guardando emociones como quien guarda cajas en un cuarto oscuro. Cerramos la puerta, fingimos que no están ahí, y seguimos. Hasta que un día el cuerpo toca la puerta, o grita. 

Cuando las emociones se sienten ignoradas, se hacen oír de otras formas. 

Un nudo en la garganta que aparece sin aviso, una presión en el pecho que no entiendes, dolores que van y vienen, noches de insomnio, ansiedad sin nombre, cansancio que no mejora. 

Las emociones no se esfuman cuando pasas de ellas, buscan un camino, siempre. 

El cuerpo se convierte en un mensajero fiel: 

  • La tristeza pesa en los hombros. 
  • El miedo acelera el corazón. 
  • La rabia tensa la mandíbula. 
  • La ansiedad enreda la respiración. 

Escuchar tus emociones no es un lujo espiritual, es una necesidad humana. 

Cada emoción tiene algo que contarte. 

Imagina por un momento que tus emociones fueran pequeñas maestras, cada una con una lección distinta: 

  • La tristeza no llega para hundirte; llega para invitarte a hacer una pausa y sanar. 
  • El miedo no te limita; te cuida, quiere que estés alerta y seguro. 
  • La rabia no es enemiga; te muestra dónde necesitas poner un límite. 
  • La alegría te recuerda que la vida también se celebra. 

Cuando las escuchas, te alineas contigo. Cuando las callas, te desconectas de lo que realmente necesitas. 

Las esencias florales como un puente hacia el equilibrio emocional. 

Sentir es natural, y que comprender lo que sentimos es transformador. Por eso, las esencias florales no son un parche emocional, son un acompañamiento profundo. 

Trabajan desde lo sutil, desde ese espacio donde el cuerpo, la emoción y la energía se encuentran. No bloquean lo que sientes, no te “anestesian”, te ayudan a darle un nombre, un cauce y un lugar. 

Cada fórmula es como una mano suave en la espalda. Un recordatorio de que no tienes que atravesar tus emociones en soledad. 

¿Cómo me ayudo a mí mismo? 

Escucharte es reconocer que no siempre estás bien, y que eso está bien. 
Es darte permiso de llorar, de enojarte, de sentir miedo y también de reír sin culpa. 
Es comprenderte sin juzgarte.

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